Bordo despacio, puntada a puntada, porque hay cosas que no se pueden hacer deprisa.
Este taller nació de una idea sencilla: que los momentos importantes merecen algo hecho a mano. Un nombre en un pañuelo, unas iniciales en un abanico, una fecha en el cojín de las alianzas. Detalles pequeños que, con los años, se convierten en lo que más se guarda.
Cada pieza empieza con una conversación. Me cuentas para quién es, qué se celebra y qué quieres que diga, y a partir de ahí dibujo el diseño, elijo los hilos y la bordo yo misma, de principio a fin. No hay dos iguales, porque no hay dos historias iguales.
Me gusta pensar que lo que sale de mis manos acompaña a alguien en uno de sus días más bonitos: una boda, un bautizo, un regalo que dice «me acordé de ti». Y que, cuando pase el tiempo, al volver a verlo, recuerde un poco de aquel día.
Gracias por estar aquí y por valorar lo hecho con calma y con cariño. Si tienes una idea, cuéntamela: seguro que encontramos la forma de bordarla.






























































